El poder popular de Jacobo Silva: introducción a la farsa

En octubre de 2013 salió a la luz, con un tiraje de 1,000 ejemplares, un texto de Jacobo Silva titulado El poder popular, en el que examina cinco experiencias que, a decir de él, representan en diferentes medidas el poder popular. Estas experiencias, en concreto, son la Comuna de París, la Revolución Española, La Revolución Rusa, el Ejército Negro y la Revolución China.

Grosso modo, Jacobo Silva explica por qué todas estas experiencias, y las que seguirá describiendo en los siguientes libros (en el prólogo anuncia que supera a Harry Potter El señor de los anillos, pues son siete los libros que componen su saga), tienen como común denominador el poder popular. Para lo anterior intenta, de manera muy decadente, dar una definición del concepto. Señala cómo ha sido este concepto utilizado de diversas maneras significando si no opuestos, sí diferentes, lo cual lo lleva mañosamente a hacer uso de su primer recurso: expone cuatro definiciones específicas del poder popular: 

1.- Las bases programáticas del Partido Socialista Unido de Venezuela;

2.- la Declaración de principios de 2009 del Partido de la Revolución Democrática;

3.- la convocatoria a la constitución del Frente Popular Darío Santillán de Argentina; y

4.- la segunda Tesis para el cambio del Ejército Revolucionario del Pueblo Insurgente.

Lo que resulta interesante de esta propuesta, es que el capítulo tiene por nombre «Tres sentidos del término», que son la del PSUV, PRD y el FPDS. La cita de la Segunda tesis para el cambio del ERPI, no es otra cosa que pavonearse anticipadamente por su militancia en esa organización guerrillera. Pero más curioso resulta que quiera dar alguna definición con citas textuales que carecen de ella. Sólo el fragmento del texto del PSUV es el que sí propone una definición, no objetiva pero existente al fin: «la democracia Participativa y Protagónica conduce en su desarrollo y consolidación a la Democracia Socialista, que no es otra cosa que la construcción del Poder Popular»(15). Las demás, sólo dicen para qué, en lugar de qué es. Y evidentemente si miramos el panorama venezolano actual, donde Nicolás Maduro (en octubre del año pasado, también) llama «anarcosindicalistas populistas» a obreros de Siderúrgica de Orinoco (Sidor) que habían entrado en paro por inconformidades que tenían que ver con contratos colectivos y aumento de salarios. Después de llamarlos como los llamó, los señaló como «manipulados por el imperialismo» en la llamada guerra económica, y para rematar, exhibió obreros armados con la amenaza de que si continuaban en su lucha, tomarían las instalaciones con el apoyo del pueblo y obreros armados; después de ello, repito, no quedan muchas ganas de participar del poder popular propuesto por el PSUV.

Sin embargo, la línea del llamado Socialismo del Siglo XXI, que en 2005 puso tan de moda Hugo Chávez y ahora Maduro, y el marxismo anterior ha resultado similar. En la Rusia comunista, Lenin encarceló y asesinó, a todo aquél que no se alienara al régimen. Los señalamientos por traición estaban a la orden del día. Gastón Leval comenta:

En 1920, cuando Pestaña (Ángel) llegó a Rusia, la revolución ya había sido sepultada. Los órganos de participación y gestación popular habían sido minimizados por los bolcheviques, cuando no aniquilados sin contemplaciones. Sindicatos, soviets, cooperativas, colectividades… todo ello se encontraba bajo el control directo y despótico del Estado (En Lenin; sepulturero de la Revolución Rusa, página 6).

La ignominia stalinista no fue el inicio de la decadencia comunista en Rusia, únicamente logró visibilizar lo que Lenin había construido, la diferencia fue la división troskista. De la misma manera, la poca inteligencia de Maduro no evidencia una nueva decadencia del socialismo venezolano, sino que enfatiza la que Hugo Chávez proyectaba a través de todos los medios; así como la hostilidad hacia los contrarios.

Maduro también comparte algo con otra persona, con el autor mismo del Poder popular: Jacobo Silva. Pues ambos parecen desconocer lo que plantea el anarquismo, en cualquiera que sea su corriente. El actual dictador de Venezuela exigía a los obreros de Sidor mantener una postura clara, con el pueblo o con el imperialismo, pues el socialismo venezolano no permitía «medias tintas». El anarquismo no plantea un camino medio recorrido, o un recorrido medio caminado, sino la libertad total organizada horizontalmente. Cuando Maduro exige posicionarse a un anarquista, está rebotando en el suelo, parece desconocer la postura que existe del ácrata hacia el poder ejercido desde abajo y desde arriba: ningún gobierno es bueno, ninguna autoridad es buena. Lo mismo sucede con Jacobo Silva, quien en su pequeño cuentachistes escribe, con respecto a la Revolución Española que:

Otro punto débil se pone de manifiesto en el momento en que el gobierno se manifiesta dispuesto a cederles el mando y los dirigentes no se atreven a crear una autoridad anarquista que pueda dirigir el proceso conforme a sus planteamientos antiautoritarios, lo que habla de una falta de propuesta de los anarquistas catalanes acerca del ejercicio de la autoridad a nivel de toda la sociedad  (123). 

Tratando de mantener la risa dentro, podemos ver en este fragmento que Jacobo Silva desconoce completamente la postura anarquista ante el ejercicio de la autoridad, del poder. Él, como comunista, cree que esto se trata de falta de organización, de seriedad y de propuesta.

Cuando Silva habla de la Revolución Rusa, ejerce una crítica bastante fuerte hacia el estalinismo: la destrucción de las comunidades agrícolas, la hostilidad hacia los anarquistas, la traición al ejército negro, la intolerancia y las ansias de poder. Sin embargo, ve en la Revolución Cultural china todo lo positivo que no encontró en Rusia. No necesitamos hacer una reflexión muy profunda en la lectura de su libro para comprender su maoísmo sustancioso.

La intención de Jacobo Silva con este libro parece ser la de crear una dinámica empática hacia todos. Al adherirse individualmente a la Sexta Declaración de la Selva Lacandona del Ejército Zapatista de Liberación Nacional, cree poder ganarse el título del Guerrillero buena onda.

En otras entradas iré desarrollando por capítulo una crítica más profunda sobre la propuesta de Silva que, sin duda, habrá hasta para regalar.

 

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